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Cuidar la salud mental desde la cultura organizacional

Escrito por DEBORA BERMUDEZ | Sep 22, 2026, 4:30:24 PM
 

Pasamos una parte enorme de nuestra vida trabajando. Por eso, la cultura organizacional impacta en nuestro desempeño, pero también puede proteger o deteriorar nuestro bienestar cotidiano.

Un colaborar a veces llega al trabajo preocupado por su economía familiar, por situaciones del contexto o, quizás, por situaciones personales que su organización no puede solucionar.

Está claro, una organización no puede controlar todo lo que afecta a sus empleados, pero sí puede decidir qué experiencia le ofrece durante las horas que ellos pasan trabajando. Y eso importa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica entre los riesgos para la salud mental en el trabajo las cargas excesivas, los horarios prolongados o inflexibles, la falta de control sobre el trabajo, los roles poco claros, el escaso apoyo de colegas o supervisores, la discriminación y las culturas organizacionales que permiten comportamientos negativos.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) refuerza esta mirada en su investigación global de 2026 donde afirma que la forma en que se diseña, organiza y gestiona el trabajo, junto con las prácticas de la organización, configuran el entorno psicosocial en el que las personas trabajan cada día.

Por eso, hablar de salud mental en el trabajo también implica hablar de cultura organizacional.

¿Qué significa realmente ser un lugar seguro para trabajar?

Partamos por el principio. “Lugar seguro” no es sinónimo de un lugar sin problemas, sino que hace referencia a un entorno donde existe suficiente confianza para hablar, pedir ayuda, equivocarse, plantear una preocupación y saber qué esperar de los demás.

En las organizaciones reconocidas entre Los Mejores Lugares para Trabajar™ Bolivia 2026, la percepción de que el lugar de trabajo es psicológica y emocionalmente saludable se ubica +23 puntos por encima del mercado nacional. También existe una ventaja de +20 puntos en la percepción de que, frente a un trato injusto, las personas tendrán la oportunidad de ser escuchadas.

Y aquí surge otro aspecto fundamental a tener en cuenta y es que la seguridad psicológica no se demuestra cuando todo funciona bien, sino también en lo que una persona cree que sucederá cuando algo no funcione bien: ¿podrá plantearlo? ¿Será escuchada? ¿Podrá reconocer un error sin temor? ¿Encontrará apoyo cuando lo necesite?

Las respuestas que una cultura construye alrededor de estas preguntas también forman parte del cuidado.

 

 

 

Cómo construir una cultura organizacional que cuide la salud mental

Una cultura organizacional saludable no se construye únicamente sumando beneficios o iniciativas de bienestar. Es en la experiencia cotidiana de trabajo donde se vivencia, por eso, garantizarla requiere observar tanto las necesidades de las personas como las condiciones que la propia organización está generando.

Los siguientes son cinco aspectos claves a considerar para avanzar hacia una cultura laboral que cuida la salud mental:

1. Revisar qué aspectos del trabajo pueden estar generando desgaste

Antes de sumar iniciativas de bienestar, lo primero que debemos hacer es mirar el statu quo vigente: carga laboral, horarios, prioridades contradictorias, autonomía, recursos disponibles, asignación de roles, gestión de las relaciones, liderazgo y la posibilidad real de desconexión.

Es importante tener en claro que cuidar la salud mental no consiste solamente en ayudar a las personas a gestionar mejor el estrés, sino que también exige preguntarse qué parte de ese estrés lo está generando la propia organización.

2. Construir confianza para que las personas puedan hablar antes del burn out

No alcanza con decir “mi puerta está abierta”, eso debe vivenciarse. Es fácil detectar si esto se siente como real o solo como una frase hecha al mirar el accionar diario de los colaboradores:

  • ¿Plantean desacuerdos?
  • ¿Piden ayuda?
  • ¿Reconocen un error?
  • ¿Avisan cuando una carga se siente imposible?
  • ¿Se animan a decirle a un líder que algo no está funcionando?

Una cultura de confianza no elimina las dificultades, sino que hace posible hablar de ellas antes de que crezcan.

3. Preparar a los líderes para observar, escuchar y actuar

Un líder no necesita diagnosticar lo que le ocurre a una persona, pero sí debe ser capaz de notar que algo cambió y saber qué hacer después:

  • Qué preguntar;
  • Cómo escuchar;
  • Qué cosas no minimizar;
  • Cuándo derivar temas;
  • Cuáles son los canales internos para poner en circulación los temas críticos.

El objetivo no es convertir a los líderes en especialistas en salud mental, pero sí darles herramientas para que puedan accionar adecuadamente desde su rol frente a una señal de alerta.

Las alertas están ahí, pero hay que saber verlas

Esperar a que una encuesta anual arroje un número rojo puede significar llegar tarde.

Los problemas culturales y de bienestar rara vez aparecen de un día para otro. Muchas veces comienzan con pequeñas señales que, observadas de manera aislada, parecen poco significativas. De ahí la importancia de detectar patrones, cambios y recurrencias antes de que se transformen en problemas mayores.

De hecho, la guía de la OIT que mencionamos anteriormente está específicamente dedicada a los sistemas de alerta temprana para la gestión de riesgos psicosociales en las empresas. Su enfoque propone pasar de una lógica reactiva a una preventiva con el objetivo de identificar y evaluar los riesgos para poder intervenir antes de que afecten la salud de los colaboradores.

¿Por dónde empezar a mirar entonces?

  • En las personas: aumento del ausentismo, aislamiento, caída de la participación, errores inusuales, agotamiento visible o dificultad recurrente para desconectarse.
  • En los equipos: conflictos que se repiten, poca colaboración, reuniones donde nadie habla, concentración excesiva de tareas o personas que dejan de plantear ideas y problemas.
  • En los líderes: baja accesibilidad, reconocimiento escaso, información que no circula, decisiones poco explicadas o comportamientos inconsistentes.
  • En los datos: cambios en ausentismo y rotación, deterioro de indicadores de clima laboral, brechas importantes entre áreas o líderes, caída en confianza, pertenencia o percepción de bienestar.

Hay una precaución fundamental que debemos tener y es que una señal no es un diagnóstico. Es simplemente una invitación a mirar más de cerca.

Por eso, también es importante combinar la observación cotidiana con información que permita entender qué está sucediendo de manera más amplia. Medir la experiencia de los colaboradores ayuda a identificar patrones que individualmente pueden pasar inadvertidos y a detectar dónde puede ser necesario profundizar.

Escuchar sin actuar no sirve

Detectar las alertas es solo una parte del proceso.

Una organización puede abrir canales de escucha, realizar una excelente encuesta y generar conversaciones valiosas. Pero si las personas comparten lo que les sucede y luego no perciben ninguna respuesta, la escucha pierde valor.

El recorrido debería ser otro:

Escuchar → comprender → priorizar → actuar → comunicar → volver a medir

Y nuevamente, los datos de Bolivia muestran una diferencia interesante. Entre Los Mejores Lugares para Trabajar™ 2026 existe una ventaja de +24 puntos frente al mercado nacional en la percepción de que los líderes fomentan y responden genuinamente a las sugerencias e ideas, y de +25 puntos en la participación de las personas en las decisiones que impactan su trabajo o ambiente laboral.

La palabra importante es “responden”, no solo “preguntan”.

Herramientas como Trust Index® permiten conocer qué están experimentando los colaboradores e identificar fortalezas y oportunidades dentro de la cultura. Siempre sin perder de vista que medir adquiere verdadero valor cuando esa información se utiliza para decidir dónde actuar.

El cuidado también ocurre entre compañeros

La responsabilidad de construir una cultura saludable no recae únicamente sobre los líderes.

La cultura también se manifiesta en lo que sucede cuando alguien está desbordado y un compañero lo nota. Cuando una persona puede pedir ayuda y cuando los integrantes de un equipo se respaldan en lugar de competir permanentemente entre ellos.

En los mejores lugares para trabajar existe una ventaja de +24 puntos en la percepción de que las personas se preocupan unas por otras y de +23 puntos en que se puede contar con la colaboración de los demás.

La conexión social y el apoyo entre pares también forman parte del bienestar laboral. La propia OMS señala que el trabajo puede contribuir positivamente a la salud mental cuando ofrece, entre otras cosas, oportunidades para construir relaciones positivas, pertenecer a una comunidad y encontrar propósito y realización.

No se trata de convertir a una organización en una familia, pero sí de construir un entorno en el que nadie tenga que enfrentar solo aquello que también puede resolverse trabajando con otros.

Una cultura saludable se construye antes de necesitarla

No podemos empezar a construir confianza cuando alguien ya está al límite, ni seguridad psicológica cuando aparece un conflicto.

La cultura funciona como factor protector precisamente porque se construyó antes. No se trata, entonces, de una única política de bienestar ni de una acción aislada. Una cultura organizacional que cuida se construye en múltiples dimensiones de la experiencia cotidiana.

Cuidar la salud mental de los colaboradores empieza en cómo se organiza el trabajo, cómo se lidera, cómo se escucha, cómo se reconoce, cómo se trata a las personas y qué ocurre cuando alguien necesita ayuda.

Siempre debemos tener presente que una cultura laboral saludable no puede evitar todas las dificultades que una persona atraviesa, pero sí puede hacer algo muy importante y esto es ofrecer, durante buena parte de cada día, un entorno donde sea posible sentirse seguro, acompañado y valorado.

Construir una cultura saludable también es una forma de cuidar

En Great Place To Work® ayudamos a las organizaciones a escuchar a sus colaboradores, comprender cómo están viviendo su experiencia de trabajo e identificar las fortalezas y oportunidades de su cultura.

Porque para cuidar mejor, primero necesitamos saber qué está pasando.

Conoce cómo medir la experiencia de tus colaboradores construye el gran lugar para trabajar que tus equipos esperan.

 

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